"10 1 ¡Ay de los que promulgan decretos inicuos y redactan prescripciones onerosas, 2 para impedir que se haga justicia a los débilesy privar de su derecho a los pobres de mi pueblo..." Isaías 10,1
Las revoluciones se han sucedido a lo largo de la historia como cuentas de un rosario sin fin. Cada una entretejió su propio drama de abuso, miseria, hambre, injusticia que los llevó a rebelarse contra el detentor del poder, pero todas, excepto una, ha cobrado millones de vidas humanas. El costo ha sido extremadamente elevado. Recordemos la francesa y las más recientes, la rusa y la china.
La revolución francesa llegó como una consecuencia del hambre y miseria que sufría el pueblo mientras reyes estrambóticos tipo Luis XIV, el rey sol, banqueteaba en su palacio de Versalles y desde donde ejercía el poder con irresponsable despotismo. Pero como todo llega a un límite, este le alcanzó a Luis XVI en la revolución de 1789, cuando el rey abdica y el poder pasó a las manos del pueblo con la insigne toma de la Bastilla, símbolo del absolutismo monárquico. Robespierre, un cruel y radical jacobino comenzó a darle juego a la guillotina que decapitó a cientos de monárquicos y co-revolucionarios. Cuando el verdugo cortaba la cabeza la mostraba a la multitud que gritaba: ¡Viva la revolución! Esta cobró 5 millones de muertos entre los años 1789 y 1815, incluido el mismo Robespierre.
La revolución bolchevique de 1917 quiso poner fin al régimen zarista y se instala un sistema comunista que Lenin se encargó de implantar inspirándose en la ideología de Karl Marx. Éste había predicho que tras la revolución de la clase obrera se produciría una fase de transición del socialismo que a través de la dictadura del proletariado llevaría finalmente a la sociedad comunista. Promesa salvífica de la doctrina comunista que dejó cien millones de muertos.
La revolución china de Mao Zedong (Mao Tse-tung) máximo dirigente del partido comunista de China segó la vida de 70 millones de personas. Cada revolución ha tenido su particularidad, pero todas han cobrado altas cotas de terror y violencia.
¿Cuál ha sido la única revolución capaz de transformar sin matar? La revolución del amor. El amor es capaz de llevar pan, justicia, respeto y progreso sin excluir a nadie. Esta revolución comienza en el seno familiar y se extiende al mundo entero. ¿Acaso Juan Pablo II no trasformó significativamente el mundo con las armas de la caridad, del perdón y de la entrega generosa a los hombres de todos los pueblos, razas y culturas? En el ámbito político tenemos a Gandhi, Luther King, Lech Walesa.
Jesús en el evangelio del domingo nos invita a emprender la revolución del amor: “Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia; dichosos los pacíficos, porque poseerán la tierra; dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios”. (Mt, 5,1) jmotaolaurruchi@legionaries.org
Desde los tiempos de los romanos hemos heredado una amplia información sobre técnicas para hacer la guerra. Tal parece que disfrutaban conquistando tierras y sometiendo pueblos. Aníbal, cartaginés, fue también brillante y sagaz pues derrotó varias veces a los romanos usando incluso armas impensables como fue el lanzar vasijas de barro con serpientes venenosas en las batallas navales.De entre las muchas técnicas hay una especialmente malvada y que todos conocemos: “divide y vencerás”.
Esta no se refiere a la fracción de los ejércitos, como se podría pensar, sino a la conjura, el sembrar cizaña, levantar falsos testimonios, incordiar. Luis XI, rey de Francia, conocido como el cruel, es ejemplo de un monarca que ganó batallas sin luchar, pero sí enfrentando a sus enemigos a base de intrigas. Era capaz de agrietar las coaliciones de sus enemigos enfrentándolos entre sí y luego atrayéndolos a su propio bando. La hipocresía nunca lo abandonó. Decía: “Quien no sepa simular, no será capaz de reinar”.
¿No les parece que esta técnica se sigue utilizando en círculos menores: una oficina de trabajo, en asuntos de amores, entre vendedores, sociedades e incluso entre familiares? jmotaolaurruchi@legionaries.org