HISTORIA DE LA NAVIDAD

Alejandría
La primera evidencia sobre esta fiesta la encontramos en Egipto.
Aproximadamente en el año 200 A.D., Clemente de Alejandría
(Strom., I, XXI en P.G., VIII, 888) dice que ciertos teólogos
egipcios "de manera bastante curiosa" indican, no
sólo el año, sino también el día
del nacimiento de Cristo, colocándolo el 25 de Pachon
(20 de mayo), del vigésimo octavo año del reinado
de Augusto. [Ideler (Chron., II, 397, N.) piensa que lo hicieron
así, creyendo que el noveno mes en el que nació
Cristo, era el noveno mes de su calendario].
Otros declaran
que la fecha fue el 24 ó 25 de Pharmuthi (19 ó
20 de abril). Clemente, en su obra "De paschæ computus",
escrita en el 243 y falsamente atribuida a Cipriano (P.L., IV,
963 ss.), da como fecha del nacimiento de Cristo el 28 de marzo,
fecha en la que el sol material se creó. Pero Lupi ha
demostrado (Zaccaria, Dissertazioni eec. del p. .A. M. Lupi
Faenza, 1785, p. 219) que no existe un mes en el año
en el que respetables autoridades no hayan designado como fecha
del nacimiento de Cristo. Clemente, sin embargo, nos dice también
que los basilianos celebraban la Epifanía, y, probablemente
junto con esta fiesta, el Nacimiento de Cristo, el 15 ó
11 de Tybi (10 ó 6 de enero). Esta doble conmemoración
se hizo popular, en parte, porque la aparición a los
pastores fue considerada una manifestación de la gloria
de Cristo, conmemorándosele entre las más importantes
solemnidades, y celebrada el día 6 de enero; también,
en parte, porque en la manifestación dada en el Bautismo,
muchos códices (por ejemplo el Codex Bezæ) erradamente
ponen que las Divinas palabras fueron sou ei ho houios mou ho
agapetos, ego semeron gegenneka se (Tu eres mi Hijo Amado, yo
te he engendrado hoy) en lugar de en soi eudokesa (en quien
me complazco), leído en Lucas 3,22. Abrahán Ecchelensis
(Labbe, II, 402) cita en las Constituciones de la Iglesia de
Alejandría de tiempos de Nicea la frase: dies Nativitatis
et Epiphaniæ; Epifanio (Hær., li, ed. Dindorf, 1860,
II, 483) cita una sorprendente ceremonia semi-nóstica
en Alejandría en la que, en la noche del 5-6 de enero,
una extraña cruz con la imagen de Kore estampada en ella,
era llevada en procesión alrededor de una cripta, mientras
se entonaba el canto: "Hoy, a esta hora, Kore dio a luz
al Eterno"; Juan Casiano, en sus "Colaciones"
(X, 2 en P.L., XLIX, 820), escrita entre los años 418-427,
dice que los monasterios egipcios todavía observan la
"antigua costumbre"; pero, Pablo de Emesa, predicó
el 29 de Choiak (25 de diciembre) y el 1 de enero del 433 ante
Cirilo de Alejandría, y sus sermones (véase Mansi,
IV, 293; apéndice del libro de los Hechos. Conc. Eph.)
muestran que la celebración de Diciembre estaba firmemente
establecida en aquel lugar, y los calendarios demuestran su
permanencia.
Por ello, la tradición de celebrar esta
fiesta en diciembre, llegó a Egipto alrededor de los
años 427 y 433.
Chipre, Mesopotamia, Armenia, Asia Menor.
En Chipre, a finales del cuarto siglo, Epifanio se declara en
contra del Alogi (Hær., li, 16, 24 en P.G., XLI, 919,
931) que Cristo nació el 6 de enero y se bautizó
el 8 noviembre. Efraín de Siria (cuyos himnos son de
Epifanía y no de Navidad), muestra que Mesopotamia todavía
celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo trece días
después del solsticio de invierno; es decir, el 6 de
enero; asimismo, Armenia ignora, y sigue ignorando la celebración
de Diciembre. (Cf. Eutimio, "Pan. Dogm.", 23 en P.G.,
CXXX, 1175; Nicéforo, "Hist. Eccl.", XVIII,
53 in P.G., CXLVII, 440; Isaac, Catholicos de Armenia del siglo
once o doce, "Adv. Armenos", I, XII, 5 in P.G., CXXII,
1193; Neale, "Holy Eastern Church", Introd., p. 796).
En Capadocia, los sermones de Gregorio de Niza sobre San Basilio
(quién murió antes del 1 enero del 379) y sus
dos siguientes, predicados en la fiesta de San Esteban (P.G.,
XLVI, 788; cf, 701, 721), demuestran que en el año 380,
el 25 de diciembre ya era ahí celebrado, a menos que,
siguiendo los argumentos demasiado ingeniosos de Usener (Religionsgeschichtliche
Untersuchungen, Bonn, 1889, 247-250), debemos colocar esos sermones
en el año 383. También Asterio de Amaseia (siglo
quinto) y Amfiloquio de Iconio (contemporáneo de Basilio
y Gregorio) celebraban en sus diócesis ambas fiestas
-Epifanía y Natividad- de forma separada (P.G., XL, 337
XXXIX, 36).
Jerusalén
En el año 385, Silvia de Burdeos (o Eteria, como parece
evidente debe ser llamada) quedó profundamente impresionada
por las espléndidas fiestas sobre la infancia del Señor
Jesús celebradas en Jerusalén. Ellos celebraban
la "Natividad"; el Obispo iba de noche a Belén,
regresando a Jerusalén para las celebraciones del día.
La fiesta de la Presentación se celebraba cuarenta días
después. Pero este cálculo empezaba desde el día
6 de enero, y la fiesta duraba hasta la octava de esa fecha.
(Peregr. Silv., ed. Geyer, pp. 75 ss.). Nuevamente, (en la pág.
101) ella menciona como muy importantes fiestas, la Pascua y
la Epifanía. Como podemos ver, en el 385, el 25 diciembre
no era observado en Jerusalén. Este dato verifica las
citas dadas por Juan de Nikiu (c. 900), tomadas de las cartas
entre Cirilo de Jerusalén (348-386) y el Papa Julio I
(337-352), con el propósito de conseguir que en Armenia
se celebre la Navidad el día 25 diciembre (véase
P.L., VIII, 964 ss.). Cirilo declara que su clero no puede realizar
en la misma fecha de la fiesta del Nacimiento y Bautismo, una
procesión a Belén y Jordania. (Esta posterior
práctica es un anacronismo). Él le pide a Julio
que le asigne a la Navidad, su verdadera fecha "tomándola
de los documentos del censo traídos por Tito a Roma";
Julio asigna como fecha el 25 de diciembre. Otro documento (Cotelier,
Patr. Apost., I, 316, ed. 1724) dice que Julio le escribió
a Juvenal de Jerusalén (c. 425-458), informándole
que Gregorio Nacianceno, en Constantinopla estaba siendo criticado
por "dividir la fiesta en dos". Julio murió
en el año 352, y por el 385, Cirilo no había introducido
cambio alguno cambio; de hecho, Jerónimo, escribiendo
aproximadamente en el 411 (en Ezeq., P.L., XXV, 18), reprocha
a Palestina el hecho de celebrar el nacimiento de Jesús
(cuando Él se ocultaba) en el día de la fiesta
de la Manifestación. Cosme Indicopleustes sugiere (P.G.,
LXXXVIII, 197) que, incluso a mediados del siglo sexto, Jerusalén
se distinguía por combinar las dos conmemoraciones, arguyendo
que en Lucas III,23, el día del bautismo de Cristo se
realizó el día de Su cumpleaños. Sin embargo,
la conmemoración en Jerusalén de David y del Apóstol
Santiago se realizaba el día 25 de diciembre, hecho que
muestra que esta fiesta no era celebrada en este día.
Usener, tomando argumentos del "Laudatio S. Stephani"
de Basilio de Seleucia (c. 430. -P.G., LXXXV, 469), piensa que
Juvenal intentó introducir esta fiesta, pero que la fama
del nombre de Cirilo hizo que la fecha se mantuviera sin variación.
Antioquía
En Antioquía, durante la fiesta de San Filogonio, Crisóstomo
predicó un importante sermón. Esto sucedió,
casi con certeza, en el año 386, aunque Clinton da como
fecha el 387, y Usener, por una larga reestructuración
de los sermones del santo, en el 388 (Religionsgeschichtl. Untersuch.,
pp. 227-240). Pero, entre febrero del 386, época en la
que Flaviano ordenó a Crisóstomo de sacerdote,
y diciembre, hay tiempo suficiente para la predicación
de todos los sermones en cuestión. (Véase Kellner,
Heortologie, Friburgo, 1906, pág. 97, n. 3). En vista
a una reacción por algunas fiestas y ritos judíos,
Crisóstomo intenta unir Antioquía en la celebración
del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, ya que parte de
la comunidad ya lo venía haciendo desde hacía
más o menos diez años. Él declara que en
Occidente esta fiesta es celebrada en esa fecha, anothen; esta
introducción en Antioquía la cual él siempre
buscó, fue opuesta por los conservadores. Esta vez, Crisóstomo
tuvo éxito; en una iglesia llena de gente, defendió
esta nueva costumbre. No era ninguna novedad; desde Tracia a
Cádiz esta fiesta era observada debidamente, ya que su
milagrosa difusión demostró su autenticidad. Además,
Zacarías, que era sacerdote, entró en el Templo
el Día de la Expiación, recibiendo el anuncio
de la concepción de Juan, por consiguiente, fue en septiembre;
seis meses después, Cristo fue concebido, es decir, en
Marzo, naciendo en Diciembre.
Finalmente, aunque no estuvo nunca en Roma, sabía que
los documentos del censo sobre la Sagrada Familia, todavía
se encontraban ahí. [Esta apelación a los archivos
romanos es bastante antigua, desde Justino Mártir (Apol.,
I, 34, 35) y Tertuliano (Adv. Marc., IV, 7, 19). En las falsificaciones
de Cirilino, se dice que Julio calculó la fecha basándose
en Josefo, de la misma forma que Crisóstomo se basó
en injustificadas suposiciones sobre Zacarías]. Por ello,
sabemos que Roma ha observado esta fiesta el 25 de diciembre,
bastante tiempo antes del año 388, pues ese es el año
en que Crisóstomo decretó el 25 de diciembre como
fecha oficial de esta fiesta (P.G., XLVIII, 752, XLIX, 351).
Constantinopla
En el año 379 ó 380, Gregorio Nacianceno se convirtió
en exarchos de esta nueva fiesta en Constantinopla, es decir,
en iniciador, ciudad en la que después de la muerte de
Valente, la ortodoxia renació. Sus tres Homilías
(véase Hom. XXXVIII en P.G., XXXVI), fueron predicadas
en días sucesivos (Usener, op. cit., pág. 253)
en la capilla privada conocida con el nombre de Anastasia. Durante
su destierro en el 381, esta fiesta desapareció.
Sin embargo, según Juan de Nikiu, Honorio, cuando estuvo
en Constantinopla durante una visita, fijó con Arcadio,
la observación de esta fiesta según la fecha romana.
Kellner dice que esta visita se realizó en el 395; Baumstark
(Oriens Chr., 1902, 441-446) dice que fue entre el 398 y el
402. Este último se basa en una carta de Jacobo de Edesa,
citada por Jorge de Beeltân, en la que afirma que la Navidad
fue llevada a Constantinopla desde Italia por Arcadio y Crisóstomo,
ciudad en la que, "según historias", se había
celebrado desde tiempos Apostólicos. El episcopado de
Crisóstomo duró desde el año 398 al 402;
por consiguiente, la fiesta debe de haber sido introducida entre
esas fechas por el Obispo Crisóstomo, así como
en Antioquía por El sacerdote Crisóstomo. Pero
Lübeck (Hist. Jahrbuch., XXVIII, I, 1907, pp. 109-118)
declara que las evidencias de Baumstark son inválidas.
Otra declaración, incluso más importante pero
poco acreditada, es el argumento de Erbes (Zeitschrift f. Kirchengesch.,
XXVI, 1905, 20-31), declarando que esta fiesta fue introducida
por Constantino en el año 330-35.
Roma
En Roma, la evidencia más antigua la tenemos en el Calendario
de Filocalio (P. L., XIII, 675; puede verse en su totalidad
en J. Strzygowski, Kalenderbilder des Chron. von Jahre 354,
Berlín, 1888), recopilado en el 354, el cual contiene
tres importantes datos. En el calendario civil, el 25 de diciembre
figura como "Natalis Invicti". En el "Depositio
Martyrum", una antigua lista de mártires romanos
y universalmente venerados, el día 25 de diciembre dice:
"VIII kal. ian. natus Christus in Betleem Iudeæ".
También menciona en el "VIII kal. mart." (22
de Febrero) la Cátedra de San Pedro. En la lista de cónsules,
encontramos cuatro extraños registros eclesiásticos:
los días en que nació y murió Cristo; la
llegada a Roma y martirio de San Pedro y San Pablo. Esta significativa
entrada dice: "Chr. Cæsare et Paulo sat. XIII. hoc.
cons. Dns. ihs. XPC natus est VIII Kal. ian. d. ven. luna XV",
es decir, durante el consulado de (Augusto) César y Paulo,
nació Nuestro Señor Jesucristo en la octava antes
de las calendas de Enero (25 de Diciembre), un día Viernes,
el día catorceavo de la luna. Los detalles concuerdan
con la tradición y las posibilidades. El epact, aquí
XIII, normalmente es XI; el año es A.U.C. 754, una fecha
que se creyó primero dos siglos después; ningún
año, entre el 751 y el 754 pudo el día 25 de diciembre
caer viernes; la tradición es constante en colocar el
nacimiento de Cristo un miércoles. Es más, según
la fecha dada para la muerte de Cristo (duobus Geminis coss.,
es decir, el 29 A.D.), Cristo murió a los veintiocho
años. Además, estos datos en una lista de cónsules,
queda claro que son una interpolación. Pero, ¿no
están estos dos datos también en el "Depositio
Martyrum"? Aquí encontramos sólo el día
del nacimiento de Cristo en la carne, por lo que puede ser que
encabece el año de los natales espirituales de los mártires;
pero el 22 febrero está totalmente fuera de lugar. Aquí,
como en el fasti consular, fueron, por conveniencia, insertadas
algunas fiestas populares. El calendario civil en sí
mismo no fue exclusivamente modificado, pues dejó de
ser útil después del abandono de las fiestas paganas.
Por ello, aun cuando el "Depositio Martyrum" sea,
como es probable, del año 336, no queda claro si el calendario
contiene evidencias anteriores al propio Filocalio, es decir,
al 354, salvo que, en efecto, la pre-existencia de esta celebración
popular represente la posibilidad de su reconocimiento oficial.
Si el manuscrito Chalki de Hipólito es genuino, tendríamos
evidencias sobre esta fiesta de Diciembre desde aproximadamente
el 205. El pasaje pertinente [el cual existe en el manuscrito
de Chigüí, sin las palabras entre paréntesis,
y que siempre a sido citado así antes de Jorge Syncellus
(c. 1000)] dice así:
He gar prote parousia tou kyriou hemon he ensarkos [en he gegennetai]
en Bethleem, egeneto [pro okto kalandon ianouarion hemera tetradi]
Basileuontos Augoustou [tessarakoston kai deuteron etos, apo
de Adam] pentakischiliosto kai pentakosiosto etei epathen de
triakosto trito [pro okto kalandon aprilion, hemera paraskeun,
oktokaidekato etei Tiberiou Kaisaros, hypateuontos Hrouphou
kai Hroubellionos. - (Comm. In Dan., iv, 23; Brotke; 19)
"La primera venida de Nuestro Señor en la carne
[en la que fue engendrado], en Belén, sucedió
[el 25 de diciembre, el cuarto día] durante el reinado
de Augusto [el cuadragésimo segundo año, y] en
el año 5500 [desde Adán]. Sufrió en Su
trigésimo tercer año [el 25 de marzo, en el decimoctavo
año de Tiberio César, durante el consulado de
Rufo y Rubelio]".
La interpolación es clara, y es un hecho admitido por
Funk, Bonwetsch, etc., Los nombres de los cónsules [los
cuales debían ser Fufio y Rubelio] están equivocados;
Cristo vive treinta y tres años; en el genuino de Hipólito
treinta y uno; estos minuciosos datos no tienen nada en común
con los del milenarista Severiano; además, es poco creíble
que Hipólito conociera estos detalles, cuando sus contemporáneos
(Clemente, Tertuliano, etc.) al tratar este tema, lo ignoran
o guardan silencio; o, después de haberlo publicado,
seguía estando sin dichas anotaciones (Kellner, op. cit.,
pág. 104, tiene un excursus sobre este pasaje).
San Ambrosio (de virg., III, 1 en P. L., XVI, 219) ha preservado
un sermón predicado por el Papa Liberio I en San Pedro,
cuando, el día de Natalis Christi, Marcelina, la hermana
de Ambrosio, tomó el velo. El pontificado de este Papa
fue desde mayo del 352 hasta el 366, exceptuando los años
355-357, época en la que estuvo desterrado. Si Marcelina
se hizo monja después de la edad canónica -veinticinco-,
y si Ambrosio nació en el año 340, lo más
probable es que este hecho ocurriera después del 357.
Si bien el sermón abunda en referencias apropiadas para
la Epifanía (las bodas de Caná, la multiplicación
de los panes, etc.), aparentemente se debe a (Kellner, op. cit.,
pág. 109) un orden en su pensamiento, y no a que hubiese
sido pronunciado el día 6 de enero, una fiesta que sólo
fue conocida en Roma bastante después. Sin embargo, Usener
defiende (pág. 272) la teoría de que Liberio lo
predicó en esa fecha, en el 353, instituyendo la fiesta
de la Natividad en diciembre de ese mismo año; pero,
Filocalio justifica nuestra suposición que esta fiesta
antecedió a su pontificado por algún tiempo, aunque
Duchesne lo relega al 243 (Bull. crit., 1890, 3, pp. 41 ss.)
algo que no es muy de alabar. En Occidente, el Concilio de Zaragoza
(380) ignora aún la fiesta del 25 de diciembre (véase
can. XXI, 2). El Papa Siricio, escribiendo en el año
385 (P. L., XII, 1134) a Himerio, en España, distingue
las fiestas de Navidad y de Epifanía; pero no queda claro
si se está refiriendo a la costumbre romana o española.
Ammiano Marcelino (XXI, ii) y Zonaras (Ann., XIII, 11) fechan
una visita que hizo Juliano el Apóstata a una iglesia
de Vienne, en la Galia, durante la Epifanía y la Natividad,
respectivamente. A menos que sean dos visitas, Vienne en el
año 361 d. C, combinaba estas fiestas, aunque la fecha
exacta es dudosa. Durante la época de Jerónimo
y Agustín, la fiesta de Diciembre fue establecida, aunque
este último (Epp., II, liv, 12, en P.L., XXXIII, 200)
la omite en una lista de fiestas de primera importancia. A partir
del cuarto siglo, el calendario de Occidente le asignan a esta
fiesta el día 25 de diciembre. En conclusión,
en Roma la Navidad se celebraba el día 25 de diciembre
desde antes del 354; en Oriente, en Constantinopla, no antes
del 379, a menos que sigamos a Erbes y rechacemos a Gregorio,
diríamos que fue desde el 330. Por lo tanto, es casi
universalmente aceptado que la fecha llegó a Oriente
desde Roma, por el Bósforo, durante el reavivamiento
anti-arriano, y gracias a los defensores de la ortodoxia. De
Santi (L'Orig. delle Fest. Nat., en Civiltæ Cattolica,
1907), siguiendo a Erbes, dice que Roma tomó la fiesta
de la Epifanía de Oriente, con un claro sentido Navideño,
y, junto con un creciente número de Iglesias Orientales,
la celebró el 25 de diciembre; después, Oriente
y Occidente dividieron sus fiestas, dejando la Epifanía
el 6 de enero, y la Navidad el 25 de diciembre. La primera hipótesis
sigue siendo más aceptable.
ORIGEN DE LA FECHA
Los Evangelios
Los Evangelios no proporcionan ayuda alguna acerca de la fecha
del nacimiento de Cristo; según sus datos, nos encontramos
con argumentos contradictorios. Parece imposible que el censo
se haya realizado en invierno: toda una población no
podría haberse puesto en camino. Por otra parte, sí
pudo haberse realizado en invierno; pues sólo durante
esta época del año el trabajo en el campo era
suspendido. Pero, Roma no era tan considerada. Además,
las autoridades difieren acerca de si los pastores solían
cuidar sus rebaños y dejarlos pastear durante las noches
de la estación de las lluvias.
El servicio en el templo de Zacarías
Los argumentos que se basan en el ministerio en el templo de
Zacarías, no son de fiar, aunque, los cálculos
sobre su antigüedad (ver más arriba) han sido reavivados
de una manera más complicada, por ejemplo por Friedlieb
(Leben J. Christi des Erlösers, Münster, 1887, pág.
312). Se dice que, las veinticuatro clases de sacerdotes judíos
servían en el Templo, cada una, durante una semana; Zacarías
pertenecía a la octava clase, los Abia. El Templo fue
destruido en el año 9 Ab, 70 d. C.; la tradición
rabínica tardía dice que la primera clase, los
Jojarib, estaban sirviendo entonces. De estos datos poco fiables,
asumiendo que Cristo nació el año 79 A.U.C., y
que en ningún momento, de esos setenta turbulentos años,
la sucesión semanal falló, se calcula que la octava
clase sirvió durante la semana del 2 al 9 de octubre
del año 748 A.U.C., por lo que se deduce que la concepción
de Cristo fue en marzo, y su nacimiento en diciembre. Kellner
(op. cit., pp. 106, 107) declara que es muy poco serio calcular
la semana que Zacarías estuvo sirviendo en el Templo
partiendo de cualquier referencia anterior o posterior.
Analogía con las fiestas del Antiguo Testamento
Parece imposible poder relacionar la analogía que existe
entre la Pascua y Pentecostés judías, con la Pascua
y Pentecostés cristianas, con la Navidad y la fiesta
de los Tabernáculos, como lo hizo, por ejemplo, Lightfoot
(Horæ Hebr, et Talm., II, 32), argumentando desde las
profecías del Antiguo Testamento, por ejemplo la de Zacarías
14, 16 ss,; combinando, además, la muerte de Cristo ocurrida
en Nisan, con la profecía de Daniel de un ministerio
de tres años y medio de duración (9, 27), declara
que el nacimiento se realizó en Tisri, -septiembre. Esto
es tan poco feliz como relacionar el 25 de diciembre con la
fiesta Oriental (Diciembre) de la Dedicación (Jos. Ant.
Jud., XII, VII, 6).
Natalis Invicti
La conocida fiesta solar del Natalis Invicti, celebrada el 25
de diciembre, ejerció una fuerte influencia sobre nuestra
fecha Navideña. Para conocer la historia del culto solar,
su importancia en el Imperio romano, y su sincretismo con el
Mitraísmo, véase la obra de Cumont "Textes
et Monuments" etc., I, ii, 4, 6, pág. 355. Mommsen
(Corpus Inscriptionum Latinarum, 1², pág., 338),
en la que ha recogido datos sobre esta fiesta, la cual llegó
a su punto máximo de popularidad bajo Aureliano, el 274.
Filippo del Torre, en 1700, advirtió su importancia;
habría que subrayar que, como ya se ha dicho, sin la
adición en el Calendario de Filocalo. Nos sería
imposible aquí, el poder perfilar la historia e idioma
del simbolismo solar aplicado a Dios, el Mesías y a Cristo,
tanto en los canónicos judíos o cristianos, en
la patrística, o obras de devoción. Los himnos
y oficios de Navidad abundan en esto; Cumont ha delineado bien
los textos (op. cit., addit. Nota C, pág. 355).
El primer texto conocido que une o relaciona el nacimiento
de Cristo y el del sol, lo tenemos en Cipriano, "De pasch.
Comp"., xix, "O quam præclare providentia ut
illo die quo natus est Sol. nasceretur Christus". - "¡Oh,
qué maravillosamente actuó la Providencia, que
en el día en el que nació el Sol. Cristo debía
nacer". -En el siglo cuarto, Crisóstomo, en su obra
"del Solst. Et Æquin". (II, pág., 118,
ed. 1588), dice: "Sed et dominus noster nascitur mense
decembris. VIII KAL. Ian. Sed et Invicti Natalem appelant. Quis
utique tam invictus nisi dominus noster?. Vel quod dicant Solis
esse natalem, ipse est Sol iustitiæ". - "No
obstante, Nuestro Señor, también nace en el mes
de diciembre. en la octava antes de las calendas de enero [25
diciembre]., Pero ellos lo llaman el "Nacimiento del Invencible".
¿Quién hay que sea tan invencible como Nuestro
Señor.? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento
del Sol, Él es el Sol de Justicia". Ya Tertuliano
(Apol., 16; cf. Ad. Nat., I, 13; Orig. c. Cels., VIII, 67, etc.)
tuvo que afirmar que el Sol no era el Dios de los cristianos;
Agustín (Tract. XXXIV, in Joan. En P. L., XXXV, 1652)
denuncia la identificación herética entre Cristo
y el Sol. El Papa León I (Serm. XXXVII in nat. dom.,
VII, 4; XXII, II, 6 en P. L., LIV, 218 y 198) reprocha duramente
los remanentes del culto solar -los cristianos, en la misma
puerta de la basílica de los Apóstoles, se voltean
para adorar al naciente sol. El culto al sol ha legado rasgos
en el culto popular moderno en Armenia, en donde los cristianos
dieron en la antigüedad, de manera temporal y externa,
culto al sol material (Cumont, op. cit., pág. 356).
Debemos considerar aquí, que incluso al "bautizar"
de manera deliberada y legítima una fiesta pagana, no
tuvo otro significado que el de la necesidad de transferir la
supuesta fecha. El "nacimiento en la montaña"
de Mitra y el de Cristo en una "gruta" no tienen nada
en común: la adoración de Mitra por los pastores
(Cumont, op. cit., I, II, 4, pág., 304 ss.) fue tomada
prestada de las fuentes cristianas, y no viceversa.
Otras teorías de origen pagano
El origen de la Navidad no debe buscarse en los Saturnales (1-23
de diciembre), ni tampoco en el santo nacimiento a media noche
de Eleusis (véase J.E. Harrison, Prolegom., pág.
549) con su probable conexión a través de Frigia,
con los herejes nasenos, o con la ceremonia alejandrina citada
anteriormente; ni tampoco con los ritos análogos al culto
del solsticio de invierno en Delphi, cuna de Dionisio, con su
revocación desde el mar a un nuevo nacimiento (Harrison,
op. cit., 402 ss.).
La teoría astronómica
Duchesne (Les origines du culte chrétien, París,
1902, 262 ss.) nos presenta la teoría "astronómica",
en la que, tomando el día 25 de marzo como el de la muerte
de Cristo [históricamente imposible, pero tan antigua
como Tertuliano (Adv. Jud., 8)], el instinto popular, el cual
quiere conocer con exactitud el número de años
de una vida Divina, pone Su concepción en esa misma fecha,
siendo Su nacimiento el 25 de diciembre. Esta teoría
se apoya en el hecho que algunos montanistas (Sozomeno, Hist.
Eccl., VII, 18) celebraban la Pascua el 6 de abril; así,
tanto el 25 de diciembre y el 6 de enero son simultáneamente
explicados. Es más, el cálculo sigue en su totalidad
los argumentos basados en el número y en la "conveniencia"
de la astronomía, en aquella época muy popular.
Desgraciadamente, no existe evidencia contemporánea alguna
sobre la celebración en el siglo cuarto de la Concepción
de Cristo, en el día 25 de marzo.
Conclusión
El presente escritor se inclina a pensar que, estando el origen
de esta fiesta en Oriente o Occidente, y a pesar de la abundancia
de fiestas análogas celebrando el solsticio de invierno,
éstas pueden haber ayudado, aunque de manera imprecisa,
en la elección de la fecha de diciembre, de la misma
manera que cuando se fijó la fecha del Natalis Invicti
en el solsticio de invierno, aparte de la adaptación
deliberada o de curiosos cálculos, para fijar en ese
mismo día la fiesta cristiana.
LITURGIA Y COSTUMBRES
El calendario
Al fijare esta fecha, quedaron también fijadas la de
la Circuncisión y de la Presentación; la de la
Expectación y, quizás, la de la Anunciación
de la Santísima Virgen María; también la
del Nacimiento y Concepción del Bautista (cf. Thurston
en Amer. Eccl. Rev., Diciembre, 1898). Hasta el siglo décimo
la Navidad era considerada, en los documentos pontificios, el
inicio del año eclesiástico, como se sigue haciendo
en las Bulas; Bonifacio VIII (1294-1303) restauró temporalmente
esta costumbre, la cual Alemania sostuvo durante algún
tiempo más.
Las celebraciones populares
El códice Theod., II, 8, 27 (cf. XV, 5,5) prohíbe,
en el año 425, los juegos del circo durante el 25 de
diciembre; aunque no fue hasta el Códice de Justino III,
12, 6 (529) que esta prohibición fue realmente impuesta.
El Segundo Concilio de Tours (can. XI, XVII), en el año
566 ó 567, proclama la santidad de los "doce días"
desde la Navidad hasta la Epifanía, y el deber de ayunar
durante el Adviento; el de Agde (506), en los cánones
63-64, decreta una comunión universal, y el de Braga
(563) prohíbe el ayuno durante el Día de Navidad.
Pero, las celebraciones populares navideñas aumentaron
tanto, que en 1110 se dieron las llamadas "Leyes del Rey
Cnut", decretando un ayuno desde Navidad hasta Epifanía.
Las tres Misas
Las tres misas que señalan para esta fecha el Misal de
Gelasio y el Gregoriano, y éstas con un martirologio
especial y sublime, y con la dispensa, si fuera necesaria, de
la abstinencia, todavía hoy son guardadas. Si bien Roma
señala sólo tres Misas para la Navidad, Ildefonso,
un Obispo español, en el 845, alude a una triple Misa
en Navidad, Pascua, Pentecostés, y la Transfiguración
(P.L., CVI, 888). Estas Misas, de medianoche, al alba, e in
die, están místicamente relacionadas con la distribución
judía y cristiana, o (como lo dice Santo Tomás,
Summa Theol., III:83:2) al triple "nacimiento" de
Cristo: en la Eternidad, en el Tiempo, y en el Alma. Los colores
litúrgicos variaban: negro, blanco, rojo, o (por ejemplo
en Narbona) se usaba el rojo, blanco, y violeta (Durand, Rat.
Div. Off., VI, 13). El Gloria era sólo entonado al principio
de la primera Misa de ese día.
El origen histórico de esta triple Misa, probablemente
fue de la siguiente manera (cf. Thurston, en Amer. Eccl. Rev.,
Enero, 1899; Grisar, Anal. Rom., I, 595; Geschichte Roms. im
mittelalter I, 607, 397; CIV. Catt., 21 septiembre de 1895,
etc.): La primera Misa era celebrada en el Oratorium Præsepis
en Santa María La Mayor -una iglesia probablemente asimilada
desde el principio a la basílica de Belén- y la
tercera en San Pedro, reprodujeron en Roma el doble Oficio de
Navidad mencionado por Eteria (véase lo anteriormente
dicho) en Belén y Jerusalén. La segunda Misa era
celebraba por el Papa en la "capilla real" del Palatino,
para los miembros de la corte bizantina, es decir, la capilla
de Santa Anastasia, como fue originalmente llamada, al igual
que la basílica en Constantinopla, Anastasis, y como
ella, fue construida para reproducir la basílica del
mismo nombre de Jerusalén -y como ella también,
finalmente abandonó el nombre de "Anastasis",
por el de la mártir Santa Anastasia. La segunda Misa
fue, por consiguiente, una deferencia que el Papa hacia a la
iglesia imperial en su fiesta patronal. Las tres lugares se
mantuvieron así, pues, por el año 1143 (cf. Ord.
Romani en P. L., LXXVIII, 1032) el Papa dejó de oficiar
la tercera Misa en el distante San Pedro, y la empezó
a decir en el altar mayor de Santa María La Mayor. En
esta tercera Misa, León II inauguró, en el año
800, por medio de la coronación de Carlomagno, el Sacro
imperio romano. Este día se convirtió en el favorito
para las ceremonias de la corte, y en él, por ejemplo,
Guillermo de Normandía fue coronado en Westminster.
Las representaciones dramáticas
La historia de la dedicación del Oratorium Præsepis
en la basílica de Liberio, de las reliquias allí
guardadas y sus imitaciones, no pertenecen a esta disertación
[cf. Crib; Relics. Los datos están bien dados por Bonaccorsi
(Il Natale, Roma, 1903, ch. IV)], pero la práctica de
dar una expresión dramática, o por lo menos espectacular,
a los hechos de la Navidad, fueron lo que, de alguna manera,
dieron origen a los misterios litúrgicos. Por ejemplo,
el ordinaria de Ruán y el de Reims, colocan el officium
pastorum inmediatamente después del Te Deum y antes de
la Misa (cf. Ducange, Gloss. med. et inf. Lat., s.v. Pastores);
posteriormente, la Iglesia celebró un segundo misterio
"profético" después de Tierce, en la
que la Vigilia y la Sibila se unían con los profetas
del Antiguo Testamento para honrar a Cristo. (Para más
detalles sobre Vigilias y obras sobre la Navidad y profecías,
ver la obra de Comparetti, "Virgil in Middle Ages",
pág. 310 ss.). La obra "To out-herod Herod",
es decir sobreactuar, muestra la violencia de Herodes.
Los pesebres, Belenes o Nacimientos
San Francisco de Asís en el año 1223 dio origen
a los pesebres o nacimientos que actualmente conocemos, popularizando
entre los laicos una costumbre que hasta ese momento era del
clero, haciéndola extra-litúrgica y popular. La
presencia del buey y del burro se debe a una errónea
interpretación de Isaías 1, 3 y de Habacuc 3,
2 (versión "Itala"), aunque aparecen en el
magnífico "Pesebre" del siglo cuarto, descubierto
en las catacumbas de San Sebastián en el año 1877.
El burro en el que Balaam montó, en el misterio de Reims,
hizo que la fiesta recibiera el nombre de Festum Asinorum (Ducange,
op. cit., s.v. Festum).
Los himnos y villancicos
La degeneración de las obras dramáticas ocasionó
la difusión de villancicos y pastorales, a los cuales
se les a otorgado en ocasiones, una posición cuasi-litúrgica.
Prudencio, en el siglo cuarto, es el primero (y único
en su siglo) en escribir himnos para la Navidad, pues los himnos
"Vox clara" (himno para Laudes en Adviento) y "Christe
Redemptor" (Vísperas y Maitines de Navidad) no pueden
ser asignados a Ambrosio. Sin embargo, el himno "A solis
ortu", pertenece a Sedulio (siglo quinto). Los primeros
Weihnachtslieder alemanes datan de los siglos undécimo
y duodécimo; los primeros villancicos conocidos datan
del siglo undécimo, y del siglo decimotercero. El famoso
"Stabat Mater Speciosa" es atribuido a Jacopone Todi
(1230-1306); "Adeste Fideles" data del siglo decimoséptimo.
Pero, éstos aires populares, e incluso palabras, deben
de haber existido desde mucho tiempo antes de que fueran puesto
por escrito.
Tarjetas y regalos
La costumbre pagana centrada en las calendas de enero, influyó
en las de Navidad. Tiele (Yule and Christmas, Londres, 1899)
ha recolectado muchos interesantes ejemplos. La strenæ
(eacute;trennes) del 1 de enero romano (fuertemente condenado
por Tertuliano, de Idol., XIV y X, y por Máximo de Turín,
Hom. el CIII, de Kal. gentil., en P.L., LVII, 492, etc.) sobrevivió
en la costumbre de los regalos Navideños, las tarjetas,
y cajas.
Las fogatas Navideñas
Las fogatas durante las calendas eran un escándalo en
Roma, y San Bonifacio logró que el Papa Zacarías
las aboliera. Pero, probablemente esta fogata de Navidad, en
sus muchas formas, era originalmente encendido sólo debido
al invierno. Sólo a partir de 1577 se convirtió
en una ceremonia pública en Inglaterra; su popularidad,
sin embargo, creció inmensamente, sobre todo en la Provenza;
en la Toscana, la Navidad es simplemente llamada ceppo (bloque,
leño -Bonaccorsi, op. cit., pág. 145, n. 2).
Además, estuvo también relacionada con otras
costumbres; en Inglaterra, un siervo tenía el derecho
de alimentarse a expensas de su señor, durante todo el
tiempo que durase el fuego de una rueda de madera, que su señor
le entregaba, el señor también entregaba a su
siervo una carga de madera, cuando nacía un niño;
Kindsfuss era el nombre de un regalo que se le daba a los niños
cuando les nacía un hermano o hermana, e incluso, los
animales de la granja también recibían el suyo,
cuando Cristo, el hermano universal, nacía (Tiele, op.
cit., pág. 95 ss.).
El árbol de Navidad
Gervasio de Tilbury (siglo trece), narra que en Inglaterra el
grano era expuesto la noche de Navidad, para que adquiera la
fertilidad del rocío que cae en respuesta al "Rorate
Cæli"; la tradición en la que los árboles
y las flores florecen durante esta noche, es citada por primera
vez, de un geógrafo árabe del siglo décimo,
y se extendió por toda Inglaterra. Alrededor del siglo
decimotercero, en la épica francesa, se ven velas en
los árboles florecientes. En Inglaterra, el bastón
de José de Arimatea era el que florecía en Glastonbury
y en otros lugares; cuando el 3 de septiembre se convirtió
en 14 de septiembre, en el año 1752, 2000 personas estuvieron
observando si el espino Quainton (cratagus præcox) brotaría
en la nueva fecha Navideña; y como no lo hizo, se negaron
a guardar esta nueva fecha. De esta costumbre de decorar los
árboles tomada de las calendas (que fue prohibido por
el Arzobispo Martín de Braga, c. 575, P. L., LXXIII -el
muérdago fue legado por los Druidas), surgió el
del árbol de Navidad, mencionado por primera vez en el
año 1605 en Estrasburgo, e introducido en Francia e Inglaterra,
recién en el año 1840, por la princesa Helena
de Mecklenburg y el príncipe Consorte respectivamente.
El visitante misterioso
Sólo con mucha cautela debemos relacionar al misterioso
bienhechor de la noche de Navidad -Knecht Ruprecht, Pelzmärtel
en un caballo de madera, San Martín en un caballo de
batalla blanco, Martín en un corcel blanco, San Nicolás
y su equivalente "reformado", el Padre de la Navidad,
quien junto con su esposa Berchta, desciende en las noches entre
el 25 de diciembre y el de 6 enero, en un caballo blanco, para
bendecir la tierra y los hombres. Las fogatas y las ruedas encendidas
iluminaban las colinas, se adornaban las casas, los juicios
eran suspendidos y se celebraban fiestas (cf. Bonaccorse, op.
cit., pág. 151). Knecht Ruprecht, de todos modos (mencionado
por primera vez en un misterio de 1668 y condenado en 1680 como
un demonio) era sólo un siervo del Santo Niño.
Celebraciones no-católicas
Sin duda alguna, los nuclei cristianos asumieron costumbres
paganas. Pues las momias de las calendas; el extraordinario
y obsceno Modranicht; el pastel en honor de la "placenta"
de María, condenado por el Concilio de Trullan (692),
canon 79; el Tabulæ Fortunæ (comida y bebida ofrecidas
para obtener alzas, condenado en el 743), véase Tiele,
op. cit., cap. VIII, IX -los datos de Tiele son quizá
de mayor valor que sus deducciones- y Ducange (op. cit., s.
vv. Cervula y Kalendæ).
En Inglaterra, la Navidad fue prohibida por un Acta del Parlamento
en 1644; debía de ser considerado día de ayuno
y de mercado; las tiendas fueron obligadas a abrir; los budines
de ciruela y los pasteles de carne picada y frutas fueron condenados
como paganos. Los conservadores se resistieron; en Canterbury
se derramó sangre; pero después de la Restauración,
los disidentes continuaron llamándola Yuletide "Fooltide".
Además de los trabajos mencionados en el artículo,
véase también, Die Geschichte des deutschen Weihnachts
(Leipzig, 1893); MANN-HARDT, Weihnachtsblüthen in Sitte
u. Sage (Berlin, 1864); RIETSCHEL, Weihnachten in Kirche, Kunst
u. Volksleben (Bielefeld and Leipzig, 1902); SCHMID, Darstellung
der Geburt Christin der bildenden Kunst (1890); MÜLLER,
Le costumanzi del Natale (Rome, 1880); CORRIERI, Il Natale nelle
letterature del Nord in Cosmos Cath. (December, 1900); ERBES,
Das Syrische Martyrologium, etc., in Zeitschr. F. Kirchengesch.
(1905), IV (1906), I; BARDENHEWER, Mariä Verkündigung
(Freiburg, 1905); DE KERSAINT-GILLY, Fêtes de Noël
en Provence (Montpellier, 1900); DE COUSSEMAKER, Drames Liturgiques
du Moyen Age (Paris, 1861); DOUHET, Dict, des mystères
in MIGNE, Nouv, encycl. théol., XLIII; PÉREMÈS,
Dict. De Noëls, ibid. LXIII; SMITH AND CHEETHAM, dict.
Christ. Antiq., s.v. Christmas.
CYRIL MARTINDALE
Trascrito por Susanti A. Suastika
Traducido por Julián Alejandro Nieva